Qué comprobar antes de comprar un coche de segunda mano
Comprar un coche de segunda mano puede salir muy bien. Pero también puede salir muy caro. Lo veo a menudo. Personas que compran con ilusión, firman rápido, se llevan el coche y a los pocos días empiezan los problemas. Testigos en el cuadro, embrague gastado, pérdida o consumo de aceite, neumáticos no homologados, historial poco claro o reparaciones de chapa que nadie había explicado.
Y entonces llega la frase de siempre: «Si lo llego a saber, no lo compro.» El problema es ese. Que muchas veces se podía haber sabido antes.
Antes de ver el coche: documentación
Antes de desplazarte, pide documentación. Si el vendedor se molesta por esto, mala señal. Comprar un coche no es comprar un teléfono usado. Hay matrícula, bastidor, titulares, cargas, ITV, mantenimiento y, a veces, mucha historia detrás.
Lo primero es revisar el permiso de circulación y la ficha técnica. El número de bastidor, el VIN, debe coincidir con la documentación y con el bastidor físico del coche. Parece una comprobación muy básica, pero precisamente por eso mucha gente no la hace.
Después, pide un informe de la DGT. La propia DGT indica que el informe del vehículo puede ser útil para comprar un vehículo de segunda mano y permite consultar información pública de vehículos matriculados en España. Hay varios tipos de informe, entre ellos reducido, completo, datos técnicos y cargas. El informe completo puede incluir titularidad, historial de ITV, kilometraje, datos técnicos y revisiones pendientes. Si bien es cierto que tampoco es la prueba definitiva…
Y luego está el mantenimiento. Libro de revisiones, facturas, ITV, cambios de aceite, distribución, embrague, neumáticos, frenos. Un coche con historial claro no es perfecto, pero empieza mejor que uno en el que todo se resume en «está muy cuidado».
La inspección visual. Mirar sin prisa
El coche hay que verlo de día. Nunca con prisas, nunca en un garaje oscuro y nunca bajo la presión de «tengo otro comprador esperando».
Empieza por la carrocería. Mira las uniones entre capó, aletas, puertas y portón. Si hay diferencias de color entre paneles, pintura con textura extraña, tornillos marcados, piezas mal alineadas o holguras distintas de un lado a otro, puede haber tenido un golpe.
Que un coche haya tenido un golpe no significa automáticamente que sea una mala compra. Lo importante es saberlo. No vale lo mismo un coche sin daños estructurales que uno reparado después de un impacto importante.
Agáchate y mira los bajos. Busca fugas, golpes, óxido, plásticos rotos, restos de barro seco o zonas demasiado limpias en comparación con el resto. A veces una zona recién limpiada dice más que una zona sucia.
Revisa los neumáticos. No mires solo si «tienen dibujo». Mira la fecha DOT, el desgaste por dentro y por fuera, y si los cuatro neumáticos son coherentes entre sí. Un desgaste irregular puede apuntar a mala alineación, suspensión tocada o incluso a un golpe previo.
Dentro del coche, mira lo que se toca todos los días: volante, pedales, asiento del conductor, pomo del cambio, botones y cinturones. El desgaste tiene que encajar con los kilómetros. Un coche con 70.000 kilómetros y el interior muy castigado no siempre está mal, pero hay que preguntarse por qué.
Y huele. Parece una tontería, pero no lo es. Olor a humedad, moho o ambientador muy fuerte puede esconder filtraciones, limpieza intensiva o un intento de tapar algo.
Lo que no se ve a simple vista
Aquí está la parte importante. Hay problemas que no se detectan mirando el coche por fuera ni dando una vuelta.
El kilometraje, por ejemplo. No basta con mirar el cuadro. Hay que contrastarlo con ITV, documentación, historial y, cuando es posible, con datos almacenados en distintas centralitas. No siempre se puede demostrar una manipulación, pero sí se pueden detectar incoherencias.
También está la diagnosis electrónica. Un coche moderno guarda mucha información en sus módulos: motor, ABS, airbag, cambio, cuadro, dirección, climatización, sistemas de asistencia. Una diagnosis seria no consiste solo en «enchufar la máquina y ver si hay fallos». Hay que interpretar lo que aparece y también lo que no aparece.
Aunque si alguien ha borrado averías antes de enseñarte el coche, no siempre se van a recuperar. Pero muchas veces quedan pistas como por ejemplo monitores sin completar, fallos intermitentes, registros en otros módulos, kilometrajes incoherentes o síntomas que no encajan con la explicación del vendedor.
También está la pintura. Sin un medidor de espesores no puedes saber con seguridad qué piezas han sido repintadas o reparadas. Hay reparaciones perfectamente correctas. El problema son las reparaciones mal hechas, las que afectan a estructura o las que se ocultan para vender el coche como si nunca hubiera pasado nada.
El error más caro. Enamorarse del coche
Este es el fallo más habitual. El comprador ve el coche, le gusta, lo imagina ya en su garaje y empieza a justificar todo lo demás.
«El vendedor parece buena persona.»
«Está muy limpio.»
«Me ha dicho que nunca ha dado problemas.»
«Seguro que ese ruido no es nada.»
Puede ser. Pero también puede no serlo.
Si compras a un profesional, recuerda que existen derechos como consumidor ante faltas de conformidad. En vehículos de segunda mano, la ley permite pactar un plazo inferior al general, pero no por debajo de un año desde la entrega. Si compras a un particular, el escenario cambia, es el Código Civil el que regula los vicios ocultos, pero el plazo para ejercitar estas acciones es de seis meses desde la entrega y no es una garantía entendida como tal.
Por eso es tan importante revisar antes. Reclamar después puede hacerse, pero siempre será más lento, más incómodo y más incierto que detectar el problema antes de pagar.
Mi consejo
Si vas a pagar 8.000, 15.000 o 25.000 euros por un coche usado, no tiene sentido jugarte la operación por ahorrar una inspección.
Una inspección precompra no sirve para prometer que el coche nunca fallará. Eso no lo puede prometer nadie. Sirve para reducir riesgos, detectar señales de alarma y saber qué estás comprando realmente.
Mi trabajo es revisar el vehículo con criterio técnico, hacer diagnosis con un equipo profesional (Autel Maxisys 906 Pro), comprobar documentación, inspeccionar daños, valorar coherencia de kilómetros y detectar indicios que a simple vista pueden pasar desapercibidos.
Si el coche está bien, lo compras con más tranquilidad. Si aparecen defectos, puedes negociar el precio con argumentos.
Y si aparecen problemas serios, lo mejor no es negociar. Lo mejor es no comprar.
En una compra de segunda mano, a veces el mejor informe no es el que te ayuda a comprar un coche. Es el que evita que compres el coche equivocado.